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Monday, 17 September 2012


Reclamos de la industria de los cruceros

Buenos Aires tiene costos de operación récord, dicen los armadores. Aún así, las recaladas crecen.
PorISABEL STRATTA

La industria de los cruceros no tiene ataduras con los destinos: puede mover sus barcos y llevarlos a otra región. sto sucederá esta temporada en América Latina, donde la actividad caerá en conjunto 15% porque los barcos se van a regiones con demanda explosiva y más rentables como China, Hong Kong, Singapur, explicó a iEco Adam Goldstein, el CEO de la compañía Royal Caribbean.
El retroceso ­que afectará particularmente a costas de Brasil­ no afectará al puerto de Buenos Aires, donde la actividad seguirá creciendo a altas tasas este año, pese a tener "el mayor costo de recalada del mundo", según los armadores.
Seatrade, un foro donde debaten navieras, proveedores y autoridades de Turismo de la región, sesionó esta semana en la terminal Quinquela Martín del puerto local. Las grandes compañías de cruceros, una actividad concentrada en un puñado de actores mundiales, estuvieron representadas por sus CEO.
Una población de 500.000 pasajeros en 168 barcos pisará el puerto de Buenos Aires en la temporada que está por iniciarse; cerca de la mitad serán extranjeros que gastarán per cápita, según las estimaciones oficiales, unos 195 dólares diarios en compras, restaurantes y tango shows. Las temporadas, que diez años atrás se limitaban a diciembre-marzo, se han alargado, mientras los pasajeros casi se decuplicaban.
La prosperidad de esas cifras contrasta con los reparos sobre la competitividad del principal puerto de la Argentina. Con cortesía pero con crudeza, los armadores se quejaron en el Seatrade de que cuesta 450.000 dólares recalar en Buenos Aires. "Venecia, que es el segundo puerto más caro, cuesta la mitad", comparó un armador italiano.
El capitán Sergio Borrelli, interventor del Puerto de Buenos Aires, dijo que en la formación de esos precios intervienen diversos actores públicos y privados y reconoció que a los cruceros se les aplican "tratamientos que han sido pensados para otro tipo de barcos".

Infraestructura 

En el puerto de Buenos Aires, la flamante terminal Quinquela Martín cobija los trámites de aduana y migraciones de quienes llegan y salen en cruceros.
Pero los cruceristas siguen descendiendo en un muelle de carga, ya que no hay una instalación de desembarco exclusiva para ellos. La infraestructura fue uno de los temas recurrentes en el Seatrade.
Junto con el "crecimiento impactante" del mercado en diez años, los armadores subrayaron los "desafíos". "Entre Ushuaia y Buenos Aires hay 4.000 kilómetros de costas, pero sólo dos puertos preparados para recibir pasajeros; Brasil tiene 40 de puntos de visita", señaló Pierfrancesco Vago, el CEO de MSC.
En el mundo, la mayoría de los puertos están hechos a la medida de la carga y descarga, su actividad originaria. Ante un negocio crucerístico que puede mutar, "también los países necesitan certidumbres para tomar costosas decisiones de infraestructura", señaló el interventor del Puerto de Buenos Aires.
En el Cono Sur, la actividad de cruceros tiene temporada; muchos barcos vienen cuando termina el verano europeo. Una desestacionalización no está a la vista, salvo, eventualmente, para el norte de Brasil, se franqueó un armador.

Vacaciones flotantes 

En la década del 70, cuando a un productor de TV estadounidense se le ocurrió la idea de una serie llamada "El crucero del amor", esas vacaciones todavía eran una rareza.
Este año, 20 millones de personas accederán a ellas en todo el mundo. Los nuevos consumidores de China y América Latina son una parte creciente de la clientela.
Después de crecer por años a tasas de dos dígitos, el turismo mundial de cruceros sufrió el impacto de la recesión y este año aumentará entre 3% y 5%. También "se frenaron las órdenes de grandes barcos, muy activas hasta el 2008", dijo a iEco Goldstein, el CEO de Royal Caribbean.
En enero de este año, la industria se topó con el más temido de sus escenarios ­uno que reunió naufragio, decenas de víctimas y aparente negligencia­ cuando el barco Costa Concordia chocó contra una isla en Italia.
La tragedia tuvo un impacto inicial sobre la demanda, "especialmente sobre europeos y sobre los que nunca habían viajado antes", dijo a iEco Goldstein, cuya compañía es dueña de la línea Costa. "Pero luego la demanda retomó sus niveles de crecimiento".
Fuente: Clarín, Argentina.

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